Esta entrada se ha retrasado mucho. Se ha retrasado tanto que pensé que jamás la escribiría. Después de escribirla, he tardado aún más en publicarla. Mi negativa a cerrar el blog era y es en cierta medida una forma de negación de la realidad.Cuando pongo mis recuerdos en perspectiva, me doy cuenta de que me gustaba estar en Moscú y no quería despedirme.
Pese a todos lo bueno que Moscú me dio, a finales de mi aventura rusa yo estaba cansado. Oriol decía que se me notaba mucho. Había cosas ciertamente inaguantables y echaba de menos España, pero ahora que vivo en Madrid soy incapaz de recordar qué me hizo regresar. Se ha dado la vuelta a la tortilla y ahora añoro Rusia, pero a diferencia de hace unos meses, sí sé bien las razones.
Echo de menos un trabajo que me gustaba y una Oficina donde me sentía como en casa. Echo de menos una vida algo caótica pero libre, sorprendente y mía. Echo de menos bajar al casino y congraciarme con los parroquianos que, sin tener ni idea, han apostado su sueldo a que gana el Madrid y besan el escudo de mi bufanda y me invitan a cenar cuando canto los goles blancos. Echo de menos a Mario, a Ericsson y a Oriol, sin los cuales Moscú no habría sido Moscú.
Los lectores de este post están esperando que diga que echo de menos a las Hijas de Putin. Por supuesto, pero deben saber que no echo de menos a una en concreto, sino que echo de menos el concepto en sí. Chicas jóvenes, inteligentes, muy preparadas, pasionales, vitales, que viven plenamente porque saben que quizás no haya mañana. Rompen los clichés que en Europa Occidental les tenemos puestos: a mí ninguna me pidió que la trajese a España; lo que me pidieron es que no me fuese de Rusia.
Y dije que no. Me conciencié que esto era una aventura de 15 meses y ni uno más, Santo Tomás. De ahí mi rendición con el idioma (de lo que ahora me arrepiento), mis planes para cambiar de aires y, por qué no decirlo, mi nostalgia crónica actual. Echo de menos Rusia, pese al frío y la contaminación, pese a la lejanía y las diferencias.
Ahora que cierro este blog, cuando pienso en Rusia los recuerdos se me agolpan en la mente y la saturan. Sólo los recuerdos positivos, que son legión. Tras kilómetros viajes, horas de ferias, risas, atviorkas, pirijots, diebushkas, mashinas, Beliaeva y Smolienskaya, me siento como Sinuhé: No escribo este post para vosotros, lo escribo para mí. He escrito todo lo que quiero recordar cuando dentro de 50 años alguien me pregunte qué pienso de Rusia. Es una confesión sobre mis emociones ahora que ya no soy un expatriado. Es lo que quedó del chico de moda, que volvió a casa con la turbia sensación de que, como siempre, había vuelto a dejar pasar otra gran oportunidad...







